Mini vacaciones

Aprovechando que a Moni le daban un par de días en estas vacaciones de invierno, me pedí dos días yo y nos tomamos unas mini vacaciones. Al principio la idea era aprovechar unos pasajes gratis que me había dado LAN el año pasado, pero estas fechas son complicadas, vuelos hay pocos si no se piden con anticipación, y en los destinos los paquetes normalmente incluyen transporte (y no me voy a ir a Misiones, por ejemplo, jugándome a encontrar un hotel en el medio de las vacaciones de invierno...).

Al final decidimos partir en auto. El destino salió solito: Concordia. La familia paterna de Mónica viene de dicha ciudad, con lo que allí tiene familiares. Asi que jueves a la mañana preparamos todo, desayunamos, y partimos.

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El viaje, sin novedad. Paramos a cargar nafta, a comprar unas galletitas y un mapa en el ACA, y después le pegamos derecho derecho hasta Concordia. Por suerte no había problemas en la zona de Gualeguaychú, ya que nos dijeron que a veces cortan la ruta por las protestas contra las papeleras. Pero no. En cinco horas, a eso de las cuatro y media de la tarde, ya habíamos llegado.

La Tía Rosa nos esperaba con las milanesas a punto de hacerse, así que descargamos todo y comimos, cual reyes. Después de comer, y siguiendo con la charla que te charla, nos jugamos un chinchón y unas generalas. Demostré que tengo más suerte en las cartas que en los dados, :p.

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Después de un rato partimos para el centro. Dejamos el auto y fuimos primero a ver a Sandra, la prima de Moni, y después a César, novio de la primera, a sus respectivos trabajos. Aprovechamos el paseo para comprar un juego de cartas francesas, que nos las habíamos olvidado el fin de semana en casa de Lá.

Ya eran las ocho, así que decidimos tomar algo. Nos metimos en un bar que parecía medio caro pero estaba lindo (resultó ser sorprendentemente barato), y arrancamos con cerveza y un tostado, mientras no dejábamos de pedirle pochoclos salados a la moza. Nos pusimos a jugar al burako, y pasó otra cerveza como si nada. Al rato vino Sandra, cortamos el juego, y pedimos una pizza, para "picar algo".

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Terminamos comiendo, :p. La idea de salir a hacer algo era tentadora, pero yo estaba remuerto por el viaje, así que volvimos a lo de la Tia Rosa, jugamos un rato a las cartas, preparamos todo y nos fuimos a dormir.

Al otro día, viernes, nos despertamos tranqui, y después de desayunar partimos hacia Federación, donde hay un complejo termal casi tan grande como la ciudad, :p. Más allá de la exageración, es notable apreciar la cantidad de hoteles construidos y construyéndose alrededor de las termas, todo muy orientado al turista, realmente es el eje de la ciudad.

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Paseamos un poco por la ciudad y el complejo, y enfilamos a comer en una parrillita que estaba linda. Después hicimos sobremesa en la costanera, al sol, jugando al boggle. Para cuando nos agarró la modorra, ya habíamos decidido ir a las termas. Así que arrancamos para allá.

Entramos, recorrimos las instalaciones, y decidimos ir a una pileta en la que el agua estaba a 41 grados centígrados. Nos quedamos alrededor de una horita, pero Moni ya se sentía medio medio por la temperatura y decidimos salir. Mientras ella se bañaba yo me cambié y preparé unos mates, y me puse a leer un rato.

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Cuando ella salió, estuvimos un ratito disfrutando del sol, y previa compra de unas facturas, fuimos a terminar el mate en la costanera, disfrutando del atardecer, mate con facturas, el boggle, y obviamente, de nosotros mismos.

Ya de noche arrancamos de vuelta a Concordia. Ibamos quizás a salir con Sandra y César, pero Moni estaba cansada, yo no estaba para mucha joda luego del día de manejo, y ellos no habían confirmado nada, así que nos comimos un espectacular dorado a la pizza que hizo la Tía Rosa, y luego de un café y algo de naipes nos fuimos a dormir.

Al otro día, salimos a media mañana a recorrer Concordia. Fuimos por la costanera, que está bastante abandonada pero con algo de esfuerzo estaría muy muy linda. Pasamos por la playa Nebel, que como el río estaba bajo se veían bien las piedras. Y después de pasear un rato enfilamos para el Parque Rivadavia, donde están las Ruinas San Carlos.

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Las mismas son las ruinas de un palacete construido en 1888 por un Conde francés que vino a instalarse acá. Las ruinas son muy lindas, y alrededor de las mismas, especialmente condimentadas porque luego de no se cuanto tiempo los tipos se fueron de un día para el otro, se cuentan historias de todo tipo. Desde las fantásticas, indicando que hay fantasmas que lo recorren de noche, hasta verídicas, que cuentan que Antoine de Saint Exupery bajó con su avión por un desperfecto en esos parques, y que bastante de El Principito está basado en ese lugar y sus habitantes (incluso hay un monumento a tal personaje).

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Luego de subir y bajar por las ruinas arrancamos para el lado de Salto. Pero hicimos un cambio inesperado de planes y pasamos a buscar a Sandra y César y arrancamos con ellos para ese lado. Llegamos a la frontera, pero de ahí no pudimos pasar: yo tengo la cédula vencida, :(. No importa, ya iremos otra vez...

Frustrada la visita a Uruguay, nos quedamos paseando por el parque que está armado alrededor del lago artificial formado por la represa Salto Grande. Muy muy lindo, así que estuvimos recorriéndolo largo rato.

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Volvimos luego a Concordia, dejamos a los chicos, y luego de pasar un rato por la casa de los tíos de Moni, arrancamos para el centro. Comimos en un carrito famoso por sus hamburguesas, y luego fuimos a tomar algo a un barcito muy lindo que encontramos absolutamente de casualidad luego de pegar varias vueltas buscando algo, el Yokojohn bar. La verdad que estaba espectacular, música tranquila estilo beatles y similar, ambiente piola, tragos baratos, ¡hasta nos hicieron uno que no tenían en la carta y pedimos especialmente! La verdad es que fue una noche muy linda. Volvimos directamente a dormir, por supuesto, luego del alcohol ingerido, :p.

Al otro día ya nos levantamos con la idea de irnos. Queríamos salir temprano, porque si salíamos al mediodía, nos agarraban todos los camiones que venían a Buenos Aires, y si salíamos a la tarde, nos encontrábamos con todos los que pegan la vuelta el domingo a la tarde. Así que luego de comprar unos salamines de chajarí, y pasar a saludar a otro pariente de Moni, arrancamos para casa.

Igualmente, nuestro espíritu gordístico nos obligó a parar en la ruta a comprar, primero cítricos (mandarinas y naranjas), y luego material de picada: salamines, quesitos, etc... :D

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