Viaje a Washington

| Publicado: | Código fuente

De nuevo en la ruta. Bueno, para ser exactos, ruta aérea, parece que viajar en avión se ha vuelto mi deporte preferido.

Notarán un cierto cambio de estilo en mi blog, sin fotos (¡me llevaba bastante tiempo encontrar en Internet imágenes relacionadas!), con un discurso más suelto (por lo pronto, lo reviso una sola vez), y con más texto (banquenselán, che). Es un experimento que estoy haciendo, influído por El Diario de Nantes, el cual me gustó muchísimo.

Logística

Aunque me tomé vacaciones desde el Viernes, el Jueves me fui después de comer a mi casa, para preparar todo para el viaje. La verdad es que no había hecho nada aún, así que tenía por delante todas las tareas de logística propias del caso. Y no solamente con respecto a las cosas que debía llevar, sino también higiene personal. Debía bañarme, afeitarme (la cara, no las piernas), y cortarme las uñas (20).

Así que llegué a eso de las 15:30 y me dediqué a la valija. Esta es la parte más fácil. ¿Pretendemos gastar en lavaderos? Noooo. Entonces, a nueve noches, nueve calzoncillos y nueve pares de medias. ¿Nueve remeras? Si tenemos, sí, sino reutilizaremos alguna. Por supuesto, un ejemplar adicional de cada uno de estos para ponerse luego del baño. Básicamente la valija es esa, más dos abrigos, un par de camisetas por si la noche se pone muy fría al acostarse, un par adicional de zapatillas por si se nos mojan las que llevamos puestas, etc...; ningún misterio.

El resto de los preparativos es un poco más complicado. Que esto lo llevamos, que esto no, que esto va en la valija o en la mochila, y así. Es importante ir poniendo en un lugar acotado (ej: arriba de la cama) todo lo que se va a llevar, ya que de esta manera uno se olvida de menos cosas. Pruébenlo, resulta. Y nunca se olviden del dinero ni de los documentos. Nunca. O están jodidos.

Lo más propenso a olvidarse son las cosas del baño (shampoo, perfume, crema, desodorante, etc...), como no se pueden guardar hasta después de bañarse uno, lo más probable es que se dejemos algo allí. El truco es guardarlas todas juntas a último momento, no por partes.

Antes de bañarme fui a buscar a Romina, que le prestaba el auto mientras estaba afuera, y a la vuelta pasamos por el Auchán que a mi me faltaban comprar algunas cosas (¿dejar yo todo para último momento?). Cepillo de dientes, pañuelos descartables, y un cassette para la filmadora. Corto el trámite. Corriendo para casa, a bañarme que era lo único que faltaba. Luego de cambiado, terminar de cerrar el equipaje y para el aeropuerto.

Buenos Aires - Miami

Nunca hice una cola tan larga, ni para el check-in ni para pasar a la zona de compuertas. Pero llegué a tiempo, :). Los pibes de American Airlines (AA) están un poco paranoicos, supongo que como todos los yanquis. Antes de hacer el check-in se pasa por la zona "de seguridad", como le dicen ellos. Allí te hacen preguntas como "¿Quién armó las valijas?", "¿Entre que las armaste y las trajiste, donde estuvieron?", "¿Estás llevando algo que te dió algún desconocido?". Hombre, como que si uno le fuese a contestar que lleva una pasta que le dió un barbudo con pinta de árabe...

Interesante la situación que se desarrolló al entrar al avión. Entramos, buscamos los lugares, nos sentamos, y allí estábamos todos los pasajeros esperando que "arranquemos". De repente, se apagó todo. ¡Todo!. Las luces, el audio, las pantallas de televisión, ¡todo!. La gente se puso nerviosa, se las escuchaba murmurar por lo bajo. Al minuto o dos el capitán informa por parlantes que este avión no tiene el equipo para generar electricidad cuando está parado, y que se les desenganchó el cable de electricidad que los alimenta desde el aeropuerto, que o vuelven a conectar el cable o recién tendremos energía cuando arranquen las turbinas. A los dos minutos, volvió la energía, y la gente respiró aliviada. Fue una lástima, porque estaba lindo todo oscuro. Fue divertido.

De nuevo en el check-in me olvidé de decirle al que atiende que quiero un asiento en particular. Parece sin embargo que las probabilidades estuvieron de mi lado y terminé contra la ventanilla y atrás justito del ala. El lugar ideal. A mi derecha se sentó una chica, que no estaba nada mal, pero el novio se sentó adelante, así que nada. Igual es mejor que un viejo panzón, así que nos permitimos algunas profundísimas charlas de como 10 o 15 palabras cada una.

El servicio de AA estuvo bien. Excepto por un negro gordote, pelito muy corto y con una colita de 2cm en el pelo (¿antes las azafatas eran así?) que la cagó de entrada preguntándole a la piba si yo era el novio, y ante la respuesta negativa de la dama y la indicación de que el novio estaba adelante, fue hasta el mismo y le dijo: "Mirá que el de atrás se está apalabrando a tu novia, y parece que a ella le gusta" (todo en inglés, of course). Pelotudo. Y lo peor es cuando se ponen pesados. Volvió a pasar al rato, y siguió con lo mismo, ¡dos veces más!.

Dormí casi todo el viaje (yo no sé para que pasan películas los pibes estos), y me despertaron para el desayuno una hora antes de aterrizar. Las valijas, en lugar de ir directamente a Washington, hay que buscarlas en Miami, pasarlas por Aduana, explicar que los alfajores no es explosivo plástico, y volver a meterlos para que vayan a destino final. Yo sospechaba que la aduana iba a ser complicada, principalmente porque una señora al salir del estacionamiento de Ezeiza nos contó cómo te revisan siete veces, te hacen abrir todo, etc.

Yo agarré la valija, puse la mejor cara de boludo (vamos, vamos, que la tengo bien practicada), y enfilé para la aduana. Me agarró de volea uno de seguridad y me dijo: That way! (por allá), yo doblé y seguí caminando a donde apuntaba, que no era otra cosa que la máquina donde se despacha el equipaje para el tramo final. O sea, ni me preguntaron que llevaba o dejaba de llevar.

Con respecto a la seguridad en el equipaje, había un cartel que indicaba que cierres las valijas con candados aprobados por la TSA, lo cual le permite a la seguridad del aeropuerto abrirte la valija en cualquier momento si necesitan/quieren hacerlo. Si tiene un candado que no es de ese tipo, ¡te lo rompen! (al candado). A mi me causaba gracia que la única seguridad de mi valija sea un envoltorio de plástico...

En este pais están atrasadísimos. El aeropuerto de Miami, punto neurálgico de los viajes de la parte norte de América, ¡no tiene WiFi! (WiFi es la manera actual de conectarse a Internet de forma inalámbrica, sin cables, muy piola para las laptops). En el séptimo piso hay un locutorio que te da el servicio pero te cobra 5 dólares la media hora (los cuales no pienso pagar). En Argentina no solo tenés WiFi en el aeropuerto, sino hasta en los café de McDonald's! Conclusión, tengo que esperar seis horas y no tengo internet, por lo que estuve escribiendo parte de esto, trabajando en la biblioteca de SMPP que estoy armando, leyendo, y boludeando un rato.

La batería de la laptop es otro detalle, ya que no pude hacerla andar con el conversor 110-220 que me prestó Ale (el conversor propio de la laptop soporta 100V-250V, pero el enchufe es de patas planas no paralelas, y no tengo un adaptador más que el que también eleva la tensión). Cuando enchufo la laptop, indica que se conecta, y a los tres segundos indica que se desconecta. Supongo que es el conversor que limita la corriente (algo similar me pasó con el enchufe del baño en Holanda), así que tendré que comprar un adpatador cuando llegue a Washington (¡ni a palos compro uno en el aeropuerto!). (Actualización: compré un adaptador y carga perfectamente: era eso nomás)

Miami - Washington

Los controles para entrar en el segundo avión se zarparon de exigentes. Nos hicieron sacar hasta las zapatillas y el cinturón, y encima me revisaron con el aparatito manual, porque saltaba el detector por el botón de metal del vaquero. Una porquería.

El viaje fue sin inconvenientes, y ya en Washington agarré las valijas en la salida del aeropuerto, sin más controles. Fui hasta el mostrador de SuperShuttle que es el transporte por tierra que me contrató la gente de la Fundación, y les dí mi código de reserva. En seguida salía una camioneta que me podía llevar y por fin salí del aeropuerto.

La camioneta salió, pegó una vuelta, y volvió al aeropuerto: aparentemente justo apareció otro pasajero y como la camioneta no estaba lejos la hicieron volver. Al primer pasajero que dejaban era a mí, supongo que por el recorrido a realizar. El chofer llegó a la zona indicada pero no encontraba la calle en cuestión. Le pasé mis planos, y más o menos llegó a una calle que se llamaba Perry, pero la numeración no llegaba a la indicada (la calle se terminaba en una rotonda). Cuando salimos de esa cortada nos dimos cuenta que era Perry PL y nosotros debíamos ir a Perry ST.

Por fin agarró mi mapa una señora (el último pasajero que fuimos a buscar) y fue guiando al chofer hasta que encontramos la calle. Llegamos a la altura que tenía anotada yo y todo lo que vimos fue una casita. Linda, pero para nada lo que esperaba (que era algo como un hotel). Llamé por teléfono pero no atendía nadie. Entonces la señora, preocupada, me dejó su teléfono para que la llamara si se me complicaba, "no quiero que andes de noche solo por acá, cualquier cosa me llamás". Luego del agradecimiento de rigor, me bajé de la camioneta, bajé la valija y la camioneta se fué.

Golpeé la puerta y no salió nadie, :(. Ahí estaba yo, en Washington, pensando que me habían cagado con el hotel, y solamente con el último recurso de llamar a la Fundación para que me rescaten. Llamé de nuevo al teléfono que tenía del hotel, y esta vez sí me atendieron: un tipo diciendo que estaba a unas cuadras que ya llegaba.

Cuando llegó me mostró la casa, que no era más que una casa normal donde a mi me correspondía una habitación. Estaba linda, pero no tenía internet. Yo le insistí, porque en la web decía que sí tenía, y me llevó a otra casa a cuatro cuadras de distancia. Esta era aún más grande (ya van a ver el video), dos plantas, tres dormitorios, dos livings, un comedor, ¡hasta un piano tiene!. Y encima, estoy solo, así que tengo toda la casa para mí, :D. Decidí quedarme en esta casa, así que fuimos a buscar las valijas a la otra. En lugar de traerlas a la nueva casa, nos fuimos a un bar a tomar una cerveza.

Al bar que fuimos, que es dónde estaba el tipo cuando lo llamé, es un típico bar yanqui, con una docena de viejos negros, algunos muy gordos, el resto muy flacos, de entre 70 y 80 años. La verdad, ¡no se les entendía nada! Pero eran macanudos, y la pasé bien. Luego fuimos a otro bar, bastante más lejos. Este era el típico bar irlandes, con gente jóven, y muy lindo también. Había una mesa que tenía como un preparado caliente para empanadas de carne, algunas ensaladas, y papas fritas tipo snack pero como para acompañar la comida. Rico, así que me eché en el estomago un buen plato. Luego fuimos a otro bar, enfrente. Este era más familiar, y también estaba lindo.

Al final me trajo el tipo hasta la casa, descargamos las valijas, y acomodé todo un poco para irme a dormir, que al otro día ya tenía que arrancar en los Sprints de PyCon 2005, ¡a las 8 de la mañana!

Comentarios Imprimir