Primeras impresiones de Holanda

Viaje en avión

La verdad es que siempre es malo generalizar, pero mi única experiencia con Iberia es mala. Desde la atención de las azafatas (en una oportunidad prácticamente tuve que cruzarle el brazo en el pasillo para que me mirara y pedirle un vaso de agua) hasta en el catering.

Aunque debo admitir que las ensaladas y el postre estaban muy bien, la cena fue mediocre y el desayuno hasta ahí, no más. El café era una porquería. Pero si estaba protestón con respecto al viaje principal (Buenos Aires a Madrid, 12 horas), peor fue en el tramo final (Madrid a Holanda, 2 horas): ¡No nos dieron nada! ¡Ni siquiera un café!. Eso sí, te vendían lo que quisieras, pero sinceramente no tenía ganas de pagar 2.5 euros una latita de Coca-Cola.

Pero eso no fue todo: cuando fuí a sentarme a mi asiento, había otra persona. "Un boludo que se sentó en cualquier lado", pensé yo, y le dije a la azafata que el pibe tenía mi asiento. La señorita le pidió entonces el pasaje al mister, y para mi sorpresa... ¡tenía el mismo asiento! Yo no lo podía creer. Piola estuvo Germán, que le dijo a la mina: "Esto pasa porque sobrevenden los vuelos...". Se pueden imaginar la cara de la azafata.

Como el tipo, mal que bien, estaba correctamente sentado, me dijo si no hacía el favor de tomar uno de los asientos de atrás. Fuimos con Germán, con tan mala suerte que nos pusimos justo en unos que sí estaban vendidos... ¡a los de R.E.M.! Al final nos terminaron ubicando en una fila de tres asientos, a nosotros dos solos, con lo que volamos más cómodos, así que esta terminó bien.

La llegada

Dos horas después por fin llegamos al aeropuerto de Amsterdam: realmente grande. Desde que aterrizó el avión, hasta que "estacionó" para que bajemos, habrá carreteado unos veinte minutos. Bajamos y fuimos a buscar las valijas (diez minutos de caminata). Cuando salimos, la decisión fue si nos tomábamos un taxi o el tren. Considerando que era tarde, bien entrada la noche, y no entendíamos ni jota de lo que hablaban los "locales", decidimos tomarnos un taxi.

La distancia era considerable, desde el aeropuerto de Amsterdam hasta el centro de Utrecht, pero fuimos charlando con el chofer, qué sabía perfectamente inglés, muy cómodos en un Mercedes Benz que era un despelote. Eso sí, la tarifa fue de 93 euros. Encima, y aunque le mostramos la dirección que llevábamos anotada, el imbécil nos dejó en el hotel equivocado (misma ciudad, mismo nombre de hotel, pero otro). Cuando entramos y la recepcionista nos dijo "Se equivocaron de hotel" nos queríamos morir.

Por suerte el otro estaba a unas quince cuadras de distancia, y aunque las valijas pesaban y estábamos cansadísimos, la caminata estuvo buena, porque nos sirvió para ir conociendo a los ciclistas.

Ciclistas

Uno ve por la calle más bicicletas que autos, y en la calle existen cuatro zonas: las de adorno (pasto, monumentos, etc), las habilitadas para caminar (vereda, que le dicen), la calle común y corriente para los autos, y la calle para las bicicletas. No, no son bicisendas, son calles en todo su esplendor para las bicicletas.

Similar sucede con los semáforos: están los de los automovilistas (redondos, tres colores, comunes, bah), los de los peatones (típico hombrecito verde o rojo), y los de las bicicletas, reconocibles facilmente porque tienen dibujada una bicicleta verde o roja. Lo interesante es que cuando uno camina por la calle, los automovilistas paran y te dejan cruzar sin problema, pero los ciclistas te tocan la bocinita-timbre y te pasan zumbando por al lado.

Para colmo es normal que no existan cordones, por lo que las dos calles y la vereda están a la misma altura y definidas por el tipo de empedrado, etc. En algunos casos aunque uno se quede parado mirándolas con atención, no es capaz de diferenciarlas (por supuesto, hasta que pasa la primer bicicleta, momento en que uno se da cuenta que estaba en el lugar equivocado).

Hotel y primera noche

El hotel está lindo, pero baratón. O sea, no creo que no sea caro, pero algunas cosas te dan la pauta de que es de un nivel medio: cama individual, no tiene cajones, no tiene frigobar, no tiene caja de seguridad en la habitación, etcétera. Pero si no contamos eso, está bien: es cómodo, limpio, y hace calorcito en la habitación; el baño está bueno (aunque chico, se ve que los europeos no pasan mucho tiempo en el baño) y tiene una tele.

Luego de dejar las cosas queríamos ir a comer pero no parecía haber nada cerca. Con la excepción de que justo al lado había un bar/restaurant. Estuvo piola, porque Estela y yo pedimos comidas raras (Germán comió un churrasco con papa a la crema), y eran ricas. Y el café es bueno en ese lugar. Casualmente es el mismo restaurant donde sirven el desayuno del hotel, dónde te podés servir un montón de cosas distintas: jugos, té, café, leche, panes, tostadas, mermeladas, miel, manteca, fiambres, frutas, e incluso hay salchichas y otras cosas calientes (tipo desayuno yanqui).

Primer paseo

Fuimos a Amsterdam, en tren. Todavía estamos medios perdidos con el idioma, y muchas cosas no entendemos. Pero hay cosas que te despistan. Luego de encontrar el tren que nos teníamos que tomar, y llegar al andén correcto, debíamos que esperar diez minutos. En cartelera figuraba el tren anterior, y había un montón de gente esperando. En un momento dicen algo por los parlantes y la gente comenzó a bajar por las escaleras, para pasar por el túnel subterráneo a otro andén. Nosotros no sabíamos que hacer, pero confiamos en que cuando refrescaran la cartelera, nos iba a indicar que ahí venía nuestro tren. La cartelera se refrescó.... ¡y quedó en blanco! Acto seguido Estela le preguntó a un señor y nos dijo que habían cambiado el tren de andén: salimos corriendo y por suerte lo agarramos sin problemas.

Una nota de color: en el andén, aunque es abierto, al aire libre, con techos altos, etc, etc, tiene sectores para fumadores. Son como postes con ceniceros, y el único lugar en donde se pueden fumar es alrededor de ellos.

Amsterdam

Amsterdam está bueno, mucha noche (por lo menos a comparación de Utrecht, que no hay nada abierto después de las once), aunque la mayoría son restaurants de comidas de otros paises. Chinos, japoneses, mexicanos, indonesios, y muchos (¡muchos!) lugares de comidas argentinas. Por supuesto, a 6 euros una empanada, no entramos ni a ganchazos en ninguno.

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Pasamos por la zona roja: pura fama. Unas minas, detrás de unas vidrieras, en ropa interior. Los holandeses se escandalizarían si pasasen por nuestra zona roja; la de ellos, a comparación, es un poroto (aunque quizás es porque pasamos demasiado temprano). Lo que sí estaba divertido de ver eran los lugares que despachaban hierbas alucinógenas (la mayoría era marihuana) y diversos elementos para su consumo. Incluso había un lugar que vendían caramelos, galletitas, etc, todos hechos en parte con cannabis.

¿Pero a qué fuimos?

¡Ah! Y por supuesto, también fuimos al curso: estamos nosotros tres (Estela, Germán y yo) con un irlandés y un pibe y una piba de Grecia. Gente copada, como el instructor, aunque estuvo medio aburrido. Toca los temas muy superficialmente, la mayoría de las cosas las sabemos, y encima habla lento, por lo que se pone bastante pesado. Igual algunas cosas interesantes se sacan.

El Martes, como el profesor explicaba UCP (que es un protocolo que no usamos ni usaremos, ya que es viejo) arreglamos con LogicaCMG para que nos den un paseo por sus instalaciones, así que nos estuvieron mostrando productos hasta el mediodía, luego comimos en el comedor de la empresa (me reservo este capítulo para otro día) y luego fuimos a una de las plantas que HP tiene en Holanda, dónde prácticamente trabajan solamente para LogicaCMG. Allí nos explicaron todos los pasos desde que obtienen las partes que encargaron a los distintos proveedores hasta que obtienen el producto armado (dos de esos productos los tenemos actualmente en Barracas trabajando para Unifón).

Gouda

Cuando salimos de HP con el "guía turístico de LogicaCMG" ya había terminado el día laboral/estudiantil, y nos dejó en la ciudad de Gouda (de dónde es originario el famoso queso del mismo nombre). Allí recorrimos bastante, conociendo las distintas partes del canal que rodea la ciudad, y compramos algo que no me acuerdo como se llaman pero son como galletitas del material de los cucuruchos de la heladería con un dulce adentro. Muy ricas.

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Luego caminamos hasta el tren y nos volvimos a Utrech. Ya estamos cancheros, no tuvimos problemas con elegir el tren, el andén, ni dónde bajarnos. Ah, y cuando llegamos a la estación Utrech Centraal pasé a buscar mi mochila que ya estaba arreglada, :)

Bueno, eso es todo por ahora. Esto lo tenía escrito de antes pero estuvimos complicados con la conexión a Internet. En sucesivos blogs iré describiendo cosas más puntuales, no tanto relato minuto a minuto. ¡Manténganse sintonizados! (el que tenga una traducción mejor a "stay tuned" que avise...)

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