Luna de miel

Lo que sigue a continuación no es una descripción detallada de todos los lugares que visitamos, profundas impresiones que obtuvimos, ni puntillosos relatos de nuestras aventuras. No.

Como se dio que en este viaje no tenga laptop, todo lo que aparece en este post fue escrito luego de volver (en el viaje lo único que escribí fue el post del casamiento en sí), así que sólo pretende ser un recorrido superficial de por donde estuvimos, a donde fuimos, etc...

Les dejo las fotos que sacamos, también. Luego de filtrar todo lo que salió feo/movido/oscuro/etc., terminamos con 1140 fotos... pero como son demasiadas para ver de forma casual, elegí las mejores, están acá!.

Llegada

Al otro día del casamiento, nos levantamos, bañamos, y desayunamos en la casa de Adrián, y salimos tempranito para casa, que teníamos que terminar de armar todo. Adri nos acompañó, y luego nos llevó en su auto hasta el aeropuerto (todo corriendo, porque era medio tarde, pero igual tuvimos que parar a mitad de camino para que mi vieja nos dé la cámara, que yo se la había dejado a ella pero luego me había olvidado de pedírsela).

Llegamos bien al aeropuerto, y luego de los trámites (y esperas) habituales, subimos al avión. El tercero de nuestra fila de tres nunca apareció, así que el vuelo de ida fue relativamente cómodo. Vimos un par de pelis, leímos, comimos mucho (entre snacks, cena, desayuno y no sé que más, nos dieron morfi como cuatro o cinco veces..), y dormimos como pudimos.

Llegamos tempranito, levantamos las valijas y fuimos hasta la estación de tren interna al aeropuerto y compramos los pasajes de tren que nos llevaría hasta Gorizia en tres tramos: el primero era del aeropuerto de Fiumicino a la gran estación de tren de Roma: Termini. De ahí tomábamos el tren largo-largo, que nos llevaba directamente a Venezia, con menos paradas que los regionales... y tardaba como cuatro o cinco horas. Luego en Venezia nos tomamos otro regional, este sí a Gorizia, finalmente (aunque creo que nos tomamos otro tren, porque el que era el nuestro no coincidía la info del pasaje y de la cartelera... pero preguntando se llega a todos lados).

En la estación de tren nos estaba esperando Agata (¡se escapó del trabajo!), que nos llevó a su casa, donde pudimos desembarcar finalmente. Pero apenas dejamos las cosas, porque rápidamente volvimos al centro, Agata a trabajar, y nosotros a pasear hasta la hora en que ella salía de trabajar. Con Moni caminamos un rato por la calle más comercial de la ciudad, pero como era lunes (y los lunes la mayoría de los negocios están cerrados allí), no vimos demasiado. Pero pasear siempre es lindo, :)

Cuando Agata salió de trabajar nos fuimos a comer a un restaurant que estaba lindo. Comimos bien, aunque la entrada fue mucho mejor que el plato principal... y charlamos tanto tanto, :). Luego volvimos a la casa de Agata, y ya había llegado Edu, así que seguimos charlando un par de horas más, revisamos el mapa del viaje al día siguiente, intercambiamos regalos, y finalmente nos fuimos a dormir.

Al otro día, desayunamos con los chicos y con Moni agarramos el auto y nos fuimos a Eslovenia, a las grutas de Postojna. ¡Impresionantes! Con sólo decirles que para entrar uno se toma un tren que recorre dos kilómetros y recién uno se baja y empieza a caminar, se dan una idea de sus dimensiones.

Las grutas, en Eslovenia

Luego comimos en un barcito del complejo mismo, y terminamos la tarde viendo algo de fauna autóctona de las grutas, en un museo/vivero que había. Lo más interesante del mismo es el Proteus anguinus, una especie de rara salamandra que sólo se encuentra en cuevas de esa zona, y que por la forma y características se lo llama Pez Humano, y hasta se creía en un momento que eran crías de dragones... y todavía no estoy seguro que no lo sean, ;)

Gran paseo

Al otro día arrancamos también temprano pero con un programa más extenso: recorrer algo del norte de Italia.

Agarramos la autopista y nuestra primer parada era Padova. Luego de muchas vueltas y una espera de media hora pudimos estacionar, y salimos a recorrer un rato. Lo más piola que encontramos fue la feria, con un montón de frutas y verduras raras, :) Pero paseamos bastante, y luego de comprar el almuerzo en un supermercado, arrancamos para el próximo destino (¡no queríamos que se nos haga de noche!).

Cuando llegamos al Lago di Garda, más específicamente a Sirmione, una pequeña ciudad en la punta de una península que entra en el lago. Hermoso, tanto la vista como el castillo. Paseamos bastante aquí también, incluso bajo la llovizna, y recién nos fuimos cuando empezó a anochecer, que todavía nos quedaba bastante viaje.

Sirmione, en el Lago di Garda

Esa noche la pasábamos en Parma, y aunque salimos de Sirmione con la tarde ya ida, llegamos al hotel a eso de las ocho, ocho y media de la noche (y eso que pegamos un par de vueltas para encontrarlo...). Hicimos el check-in, y salimos a pegar un par de vueltas al centro de la ciudad.

No encontramos ningún lugar piola para comer, así que compramos un par de cervezas y nos volvimos al hotel, donde picamos algo, leímos, vimos televisión, hasta que nos fuimos a dormir.

Al otro día desayunamos en el hotel y partimos para la costa del Mediterráneo. El viaje estuvo medio complicado, porque era una permanente sucesión de túneles y puentes (donde no pasaba nada abajo, pero era la ruta misma levantada al nivel del túnel), y en estas partes el viento sacudía todo el auto, mal.

Pero llegamos sin problemas a la zona de Cinque Terre. Como bien lo dice el nombre, son cinco tierras, pero nosotros por tiempo sólo pudimos visitar una ciudad, Riomaggiore.

Riomaggiore, una de las ciudades de Cinque Terre

Yo ya la conocía, pero no por eso dejé de maravillarme de lo linda que es. Además, yo en su momento había llegado medio de noche, y los paisajes son realmente impresionantes. Más aún, el mar estaba furioso, lo cual le da mucha belleza a una ciudad con lindas escolleras.

Paseamos un rato, y pretendíamos hacer el Sendero de los Enamorados, pero estaba cerrado por mal tiempo. Y bueno, la próxima será.

Luego de tomarnos un café para el frío, arrancamos para el próximo destino: Viareggio. Esta es una linda ciudad costera, que en temporada de verano debe ser absolutamente hermosa. Pero entrado el otoño es lo mismo que Santa Teresita en Junio, así que pegamos una vuelta, entramos en la playa a saludar al Mediterráneo, y continuamos.

Cuando llegamos a Pisa lloviznaba. Dejamos el auto a un par de cuadras de la Plaza de los Milagros (que es donde se encuentra la famosa torre, la catedral, el baptisterio, un par de museos, y cuatrocientos puestos de venta ambulante). Llegamos a dicha plaza en un momento lumínico muy particular: el sol se estaba poniendo, y el muro que separa la plaza de la ciudad echaba sombra sobre todo el parque, pero el sol pegaba directamente en los edificios:

La torre de Pisa

Paseamos, sacamos fotitos, y a diferencia de mi última visita en el lugar, entramos a los edificios. Subir a la torre en sí es todo un experimento que no preví, ya que la inclinación a la que uno se somete va cambiando al recorrer la escalera en espiral, y es interesante experimentar este fenómeno. La vista de la plaza y de toda la ciudad, desde arriba de todo, también está buena (y eso que la torre no es muy alta...).

Luego entramos a la catedral. Imponente, pero no deja de ser una iglesia, con todas las connotaciones negativas que eso implica. Así y todo estuve mirando la forma de construcción (gracias Diana por recomendarme Los pilares de la tierra), y me maravillé con el órgano.

Salimos ya de noche, y con bastante lluvia. Cuando llegamos al auto estábamos bastante mojados, pero el viaje a Lucca, donde pasaríamos la noche no era largo. Esta vez llegamos al hotel, dejamos las cosas y comimos en el restaurante del mismo, porque estaba en las afueras y no teníamos ganas de entrar a la ciudad.

Al otro día nos levantamos tempranito, desayunamos profusamente, y salimos derechito para Firenze. Llegamos entrada la mañana y estuvimos un buen rato hasta que pudimos estacionar. Encima andábamos cortos de monedas, así que pudimos poner el parquímetro en sólo 2 horas. Empezamos a caminar entonces la ciudad, pegando toda una vuelta por un sector y volviendo al auto justo cuando vencía la hora. Pusimos tres horas más y volvimos a pegar toda una gran vuelta, llegando ya al auto al atardecer.

El puente viejo de Firenze

Los dos paseos por la ciudad estuvieron muy bien. Nos metimos por todas las callecitas, siguiendo un mapa que nos mostraba qué había piola para ver, y caminamos bastante. Lo mejor fue Ponte Vecchio, y la ribera del Arno en general.

El hotel donde pasaríamos la noche estaba en Firenze mismo, pero tardamos tanto en llegar como si estuviera en otra ciudad a decenas de kilómetros de distancia: entre el caprichoso diagrama de calles, con las manos y contramanos tan complicadas, que la mitad estaban arreglándose y cortadas, y que nuestro hotel estaba cerca del río, ¡terminamos llegando recién luego de un par de horas! El hotel no tenía estacionamiento... es más, tampoco era un hotel-hotel, sino una casa vieja medio remodelada, con espacios comunes y todo.

Hicimos el check-in, y salimos a caminar un rato... terminamos comprando algo en un super, para comer, y volvimos al hotel a comer en una gran mesa que había en el patio. Cerveza, jamón crudo, mortadela, maní, dos tipos de queso (no me acuerdo cuales), otros salados... un picnic de lujo, :)

Al otro día, luego de desayunar, salimos a pasear, a recorrer un poco más la zona. La idea era también entrar a la Galería Uffizi, pero las demoras en la cola para comprar el ticket y luego para entrar nos impidieron hacerlo: no íbamos a perder tres horas solamente esperando.

Una esquina de Florencia

Así que volvimos al hotel, agarramos las cosas, y emprendimos viaje de regreso. Entramos en Bologna, donde pegamos una vuelta con el auto por los alrededores, mientra yo le contaba a Moni algunas de las cosas que había conocido por allí, y luego ya agarramos la autopista hacia Gorizia nuevamente. Aunque no era tan tarde, terminamos llegando bien entrada la noche (que no era la idea), pero alcanzamos a comer con los chicos: luego de poner un lavarropas nos fuimos a Basket, un restaurante donde hacen pizzas que no estaban nada mal (no le tengo mucha estima a las pizzas de Italia, pero estas estaban ricas, quizás por eso los chicos nos llevaron ahí).

Días varios

Al otro día, domingo, fuimos los cuatro a visitar Venezia. Al fin podíamos viajar con los Agata y Edu, lo que nos hizo más disfrutables los paseos. Fuimos en tren, porque estacionar es un bardo en Venezia (más bardo que en el resto de las ciudades, digamos). El viaje no era corto, pero entre el mate, una torta buenísima que había hecho Agata, y los partidos de brisca de a cuatro (que habíamos aprendido el día anterior), se nos pasó volando.

Yo no conocía Venezia, y me encantó, incluso aunque estaba con mucha mucha neblina (lo que por otro lado le daba un encanto raro).

Venezia

Estuvimos todo el día paseando, subiendo, bajando, recorriendo, sacando fotos. Finalmente decidimos volver, e intentamos tomar el tren de las 16:05. Empezamos a caminar de regreso, luego a caminar un poco más rápido, y finalmente terminamos corriendo las últimas cuadras. Pero no llegamos, por dos o tres minutos, :s.

En lugar de esperar dos horas para el próximo, decidimos tomarnos otro con cambio en Monfalcone (donde teníamos unos cuarenta minutos de espera, pero igual llegábamos como media hora antes a Gorizia). Dentro de todo no estuvo mal, porque la espera la aprovechamos tomándonos una cerveza en un bar enfrente de la estación, y viendo la largada y primeros diez minutos de la última carrera de fórmula 1 del año. Encima llegamos a la casa de los chicos para ver los últimos quince minutos de la carrera (apasionante final, por cierto).

Como el lunes a la mañana Agata no trabajaba (Edu tenía también un par de días libres por cambio de turno), aprovechamos y nos fuimos hasta Trieste, a ver el castillo de Miramar. Nunca había estado en un castillo "moderno", y aunque es un estilo de vida que desapruebo, tenía un montón de detalles curiosos e interesantes, un jardín bárbaro, y una vista espectacular.

Al mediodía volvimos a casa, donde Edu nos hizo unos fideos a la carbonara que estaban muy bien. Como a la noche venían los tíos de Agata a comer, fuimos al supermercado, y Moni hizo un flan. El resto de la tarde la pasamos ordenando ropa, regalos, bártulos, etc.

Los tíos de Agata no sólo venían a comer, sino que nos traían la comida: habían preparado comida típica de la región (la región se llama Friuli) para agasajarnos a nosotros, :D. Primero comimos Iota, que es una especie de sopa o guiso con papa, porotos, cebollas, chorizo y una especie de nabo rallado (nabo que se deja embeber primero en el mosto que queda al procesar las uvas para vinos), y luego degustamos el Frico, una especie de tortilla hecha con cebolla, dos o tres tipos de quesos, y papas... ¡pero sin huevos!. Y como si esto fuera poco, cuando se estaban yendo nos regalaron una Gubana (que es una torta dulce con pasas de uva), para que nos trajéramos a Argentina. ¡Qué bárbaro como charlamos y comimos esa noche! :)

Comimos como cerdos, :)

El martes nos volvimos a levantar tempranito y partimos para Austria. La idea era conocer un pueblito super pintoresco, Velden, pero fuimos en un mal momento, porque ya había terminado la temporada de verano, y todavía no había comenzado la temporada de invierno... ¡estaba todo cerrado!

Pero paseamos bastante, y almorzamos en un barcito del lugar, probando cositas locales. Los paisajes, muy lindos, los colores de otoño, más lindos aún.

Cuando volvimos a la casa de los chicos terminamos de armar las valijas, preparamos todo para irnos, y comimos con los chicos unos fideos con camarones que estaban bárbaros.

Esa noche partíamos a Roma, con un tren que salía desde Monfalcone, así que cuando terminamos de comer subimos todo al auto, porque los chicos nos llevaban hasta allá. Pero nos perdimos en las callecitas internas, pegamos vueltas un rato, y como habíamos salido muy justos, ¡terminamos perdiendo el tren! Los chicos se pusieron peor que nosotros, porque lo tomaban como que era culpa de ellos, pero con Moni no nos calentaba demasiado, porque después de todo estábamos de vacaciones y paseando, y después de todo lo que menos queríamos era que ellos se pelearan o pusieran súper mal por una tontería. Así que volvimos a casa, sacamos de nuevo las valijas, y nos fuimos a dormir...

El día siguiente lo teníamos "gratis", porque no habíamos planeado nada, así que aprovechamos que estaba soleado y fuimos a visitar el castillo de Gorizia, que le teníamos ganas. Fuimos con el auto, temprano, pero el castillo estaba tan bueno que se nos pasó volando la mañana y nos quedaba todavía la mitad! Moni tenía ganas de cocinarle a Agata (Edu estaba laburando), así que pasamos por un supermercado, compramos algunas cositas, la pasamos a buscar a Agata por el laburo y nos fuimos a casa, a almorzar.

Recorriendo el castillo

A la tarde volvimos a ir al castillo, pero ahora fuimos en bicicleta, así que el paseo en sí estuvo buenísimo. Volvimos a tiempo para tomarnos unos mates con Edu, y luego pasamos a buscar a Agata por el laburo, y fuimos todos al cumpleaños de la jefa y comadre de Agata, en un pub cerquita. Pero no nos quedamos demasiado, porque salimos (ahora con tiempo) para Monfalcone, a tomarnos finalmente el tren.

La despedida fue rápida, pero no superficial. Con Moni nos pusimos bastante tristes, por todo lo que habíamos pasado con los chicos, y cómo nos llevábamos con ellos, ¡pero ya nos volveremos a ver!

Roma y vuelta

El viaje en tren a Roma era directo, y tardaba unas ocho horas. Pero habíamos comprado pasajes en camarote, así que dormimos todo el viaje. No se puede decir que era recontra cómodo, pero zafaba, y es mucho más piola aprovechar la noche así, que viajar de día.

Llegamos a las seis y monedas de la mañana, a una de las estaciones de Roma, y como no era cerca del hotel, nos tomamos un subte. El problema es que cuando subimos al subte, tipo siete, estábamos ensardinados, porque era hora pico. Ir con tres valijotas no ayudó, pero estuvo bueno. De la estación de subte luego caminamos unas cuatro cuadras, y llegamos al hotel.

Roma es un quilombo, como toda gran ciudad: tránsito de locos, mucha gente, todo sucio. No me gustó demasiado como "ciudad", pero tampoco era lo importante.

Luego de desayunar en el hotel, salimos a pasear. Fuimos siempre caminando, visitando distintos puntos de interés, hasta que llegamos al Coliseo, ¡imponente! Aquí decidimos aprovechar el consejo de Agata, y entramos a conocerlo por dentro. Alquilamos una audioguía (un dispositivo electrónico con grabaciones, que te va contando las distintas partes del paseo), la verdad es que estuvo buenísimo.

Ruinas en Roma

Salimos del Coliseo ya con poco tiempo antes del atardecer, así que caminamos rápido a otros dos puntos que queríamos visitar: la Fontana di Trevi, y Piazza Spagna. No nos impresionó demasiado, quizás porque ambos lugares estaban saturados de gente, y no se podían apreciar tranquilos. Esa noche volvimos al hotel, y luego sólo salimos a comer, porque estábamos muy cansados.

Al otro día fuimos a pasear por el Vaticano. Yo quería conocer la Capilla Sixtina, el resto no me interesaba demasiado. Paseamos un rato por la Plaza de San Pedro, pero luego no entramos a la basílica porque había demasiada cola, y además nos dijeron que desde el Museo se podía pasar a la basílica. Así que fuimos al museo, y luego de caminar todos amontonados con demasiada gente alrededor, por infinidad de pequeñas llegamos a ver la famosa obra de Michelangelo.

Seguimos paseando y caminando, pero ya nos habíamos cansado de tanta gente y ese amontonamiento, así que no nos fuimos a la basílica, sino que decidimos salir del lugar. Seguimos paseando por la ciudad, y terminamos en la Plaza del Pueblo.

Pero ya atardecía, así que decidimos volver al hotel, a dormir una pequeña siesta para poder salir a la noche. Es que nos habían recomendado no dejar de visitar el Coliseo y la Fontana de Trevi con su iluminación nocturna, y la verdad es que es hermoso.

El Coliseo, de noche

Comimos y volvimos al hotel, bastante cansados. Al otro día nos levantamos, desayunamos, preparamos todas las valijas, e hicimos el checkout pero dejamos todo en el hotel y salimos a pegar unas últimas vueltas.

Esta vez más complicados por la lluvia, caminamos sin demasiado rumbo, fuimos paseando por ahí. Hasta que decidimos que era hora, y nos tomamos el subte de vuelta al hotel. Agarramos las cosas, y emprendimos el regreso.

Caminamos hasta la estación de tren, fuimos hasta el aeropuerto, despachamos las valijas, esperamos, y ya nos subimos al avión que nos trajo de regreso a Argentina y a nuestra casita (gracias Má por traernos desde el aeropuerto).

¡Fue una luna de miel inolvidable!

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Planes de fin de semana

Cultura libre

Mañana y pasado tenemos un programa buenísimo: El 1er Festival de Cultura Libre y Copyleft, ambos días de 14 a 21 hs, en La Tribu (Lambaré 873, Capital Federal). La entrada es libre y gratuita.

http://www.taniquetil.com.ar/facundo/imgs/festivalculturalibre08.jpg

Hay una leyenda urbana que cuenta que en 1947 se produjo un error en una computadora causado por una polilla que se había metido en ella. Para algunos, allí nació el concepto de "bug" para denominar un error en el software.

Como una fábrica de fallas, el festival, propone entrecruzar ideas y experiencias vinculadas a la cultura libre y el copyleft justo cuando ellas dejan de ser una simple manera de producir e intercambiar cultura y se transforman en un modo de habitar el mundo y vincularse con otros u otras. Un espacio de encuentro, intercambio y producción que reúne ideas y experiencias vinculadas a la cultura, la comunicación y la política.

Música, software, cine, radio, libros, pintura, fotografía, comercio justo, web, tierra, semillas y conversaciones.

Pinta buenísimo. ¡No se lo pueden perder! Nos vemos allá...

Demoliendo tangos

Como si esto fuera poco, el sábado a la noche, en el Centro Cultura de La Ribera (Roque Sáenz Peña 1485, San Isidro), toca nada más ni nada menos que Demoliendo Tangos con el espectáculo Peña y Tangos. Federico Mizrahi en piano y dirección musical, Luis Longhi en bandoneón y textos, Christine Brebes en violín, y Jorge Bergero en violoncello. Un lujo.

Es a las 9 de la noche, y la entrada es de sólo 15 mangos, ¡un regalo!

Si les gusta el tango, vengan. Y si están en la duda de si les gustaría o no, vengan igual, ¡la calidad de estos músicos es altísima! Más info de esta gente, acá.

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¡Y nos casamos!

El civil

Era un paso necesario, ya que sin el trámite en el Estado uno no está legalmente casado. Nosotros ya éramos oficialmente concubinos, así que este trámite para mi no significaba demasiado.

El trámite, como trámite, no es sencillo. Fui dos meses antes al registro civil a averiguar (personalmente, porque página web no tienen, y el teléfono no lo atendían nunca) y me dijeron qué papeles teníamos que llevar 45 días antes para reservar el día en que nos queríamos casar. Pero fui 45 días antes (un viernes), y cuando me atendieron me dijeron que tenía que ir lunes o martes... pero otra chica que también había ido ese día, y yo, hicimos el quilombo suficiente para que nos acepten el trámite igual.

Nos dieron muchos formularios para llenar, algo para pagar en el banco, y una fecha para llevar todo eso. Fuimos entonces (diez días antes del casamiento), presentamos todo, y nos dieron una papeleta para hacernos un examen de sangre (teóricamente para ver si tenemos enfermedades venéreas), examen que nos teníamos que hacer justo siete días antes del casamiento, y presentar los resultados en el civil el día anterior. Sí: la última semana, en la que todo es un quilombo, también hay que correr con todo eso.

Pero hicimos todo, y a las 11:30 del jueves 23 de Octubre comenzaba nuestra ceremonia en el civil. Teóricamente teníamos que estar quince minutos antes, pero la verdad es que esa mañana teníamos muchas cosas que hacer: Moni se tenía que peinar, ir al laverrap a buscar ropa, recibíamos las cosas del lunch que compramos, venían a entregarnos hielo para enfriar las bebidas, y yo tenía que hacer un push de un branch del laburo, que me había quedado del día anterior. No veníamos mal con el schedule, pero Moni se atrasó en la peluquería, y yo tuve que salir corriendo a comprar hielo a una estación de servicio, porque el que lo tenía que traer nunca apareció. Así que terminamos haciendo todo a las corridas y llegamos al civil 11:31 (sí, un minuto después).

Ya estaban todos esperándonos (familia, amigos, fotógrafo, y un montón de nenes del jardín de Moni), pero las ceremonias anteriores se habían atrasado, así que tuvimos como veinte minutos de espera antes de empezar.

Cuando fue el minuto indicado, nos hicieron pasar primero a los novios, luego a las testigos (una de las mejores amigas de Moni, Lá, y mi hermana, Diana), y finalmente al resto, ¡incluso a los niños! Las sillas eran pocas, pero entramos todos: algunos sentados, el resto parados alrededor, y los nenes del jardín todos sentados en el piso a la izquierda de Moni, ¡un encanto!

El juez habló un rato, leyeron un par de leyes, le preguntaron un par de cosas a Moni, pedimos un aplauso para Kike (porque por él y Fabi nos conocimos), firmamos los documentos, firmaron las testigos, fotos fotos fotos, abrazos besos abrazos, arroz arroz arroz, más abrazos y fotos, etc.

Saliendo a la calle después de casarnos

Luego, los que podían por el laburo nos acompañaron a casa, donde almorzamos las cositas que habíamos comprado, más algo que cocinamos nosotros, un matambre espectacular que hizo mi vieja, y un flan autoría de la mamá de Moni.

La ceremonia

El sábado 25, nuestro día de casamiento, arrancaba con la ceremonia a las once de la mañana, en la casa de mi primo Adrián, en Luján.

Algunos atrasos de personas claves en la ceremonia hizo que arranquemos más tarde (lo que me tenía a mi cortando clavos, porque parecía que iba a llover en cualquier momento, y a Moni, escondida por el vestido, deshaciéndose de nervios), pero esto dio tiempo a que siga llegando gente y a que Gus acomodara algunas cosas en la Parrilla (empezó tarde por mi culpa). Igualmente la mayor cantidad de invitados ya había llegado, muchas en el micro que coordinaron Ceci y Chaghi. Gracias a los tres por estos laburos.

Finalmente pudimos arrancar. Lá (la maestra de ceremonias) y yo nos subimos al pequeño escenario conseguido por mi primo, improvisado con un carretón. Y cuando largó la música Moni hizo la entrada desde la otra punta de la casa, absolutamente hermosa, y bastante nerviosa, acompañada por su hermano Mariano y por la Kiki, que llevaba una canastita...

La ceremonia fue muy personal, muy nuestra, tal como Lá comenzó diciendo en sus palabras iniciales. Pensamos nosotros las partes, pero dejamos a cargo de ella los ritmos y agregados que quisiera hacerle.

Arriba del carretón

Luego de esas palabras iniciales de la maestra de ceremonias, pasaron a decirnos unas palabras Kike y Fabi, que como dije antes, eran los responsables de que nos hayamos conocido. Luego volvió a hablar Lá, contando muy bien que una de nuestras ideas era incluir a la naturaleza en nuestra ceremonia, plantando un árbol. Acto seguido bajamos del escenario, y nos acercamos hasta un níspero (gracias tía Vivi por conseguirlo), y lo plantamos en un pocito que yo había hecho temprano esa mañana.

Si la ceremonia parecía ordenada hasta ese momento, ahí dejó de estarlo, ya que la gente se movió con nosotros, y luego volvimos todos a nuestros lugares, Moni y yo con las manos apenas sucias, y los zapatos un poco embarrados, :) Nuevamente arriba del carretón, seguimos con el paso siguiente, que era descubrir nuestras alianzas. Esta fue la parte que más sorprendió, creo, porque hicimos subir a la Kiki con su canastita, pero en lugar de sacar dos anillos de la misma, sacamos una tijera con la que procedimos a cortar los vendajes que ocultaban que en el dedo anular de la mano izquierda de cada uno nos habíamos hecho un tatuaje.

Para recomendación de Lá, expliqué a todos la alianza que habíamos diseñado con Moni... en el marco de un escudito pusimos cuatro símbolos: una varita de hada (referencia clara a Moni); un camino, que siempre le gustaron a ella y que es anagrama de su nombre; un bastón de brujo (referencia esta vez a mí), y la letra griega pi, que representa mi gusto por la matemática y todo lo científico, y que es cacofónico a .py (sí, de Python...).

El Hada y el Brujo

Como parte de ese momento, y en función del por qué de toda la fiesta y el compromiso que estábamos contrayendo, Moni y yo a continuación nos dijimos unas palabras, y dejamos paso al próximo momento de la ceremonia, donde Pablo y Claudio, en guitarra y voz respectivamente, nos agasajaron con una canción que habíamos elegido nosotros: La razón que te demora, de La Renga.

Hay un siempre para la batalla y la razón que te demora si hay una sombra para cada luz corras a donde corras.

Obviamente la canción no está preparada para tocarla sólo con una guitarra, pero los chicos la arreglaron muy bien, y salió espectacular, ¡muchas gracias a ambos!

Acto seguido pasaron al frente tres amigas de Moni: Poli, Juli y Laura, a decir algunas palabras sobre ella/nosotros, y luego Lá le dio el cierre a esta ceremonia. Sinceramente salió todo muy bien, ¡muchísimas gracias Lá!

Para terminar con la fase "en casa del Primo", bajamos del escenario y comenzamos a caminar hacia la Parrilla donde haríamos la fiesta. Nos tiraron pétalos de rosas al principio (¡fué sorpresa! gracias Má), y luego caminamos esas tres cuadras acompañados por toda la gente, realmente muy lindo.

La fiesta

Cuando llegamos a la parrilla pasamos directamente al parque que está atrás del salón, donde nos esperaba una regia picada bajo la sombra de los árboles... salamines, quesos varios, jamón crudo, panes saborizados, aceitunas, y varios etcéteras más. Comimos, bebimos, charlamos, y nos distendimos...

Picada bajo los árboles

Mientras los invitados disfrutaban, con Moni nos escapamos unos quince minutos a otros rincones del parque a sacarnos algunas fotos "armadas" por el fotógrafo. Pero volvimos rápidamente, porque la verdad que ese tipo de fotos no es lo nuestro, pero ese era el momento de hacer algunas...

Así que volvimos a la picada, y luego de un rato ya entramos con la gente al salón, donde nos acomodamos en las mesas para la primera parte del asado. Acá la gente descubrió los centros de mesa que preparamos con Moni: unas macetitas con planta y todo que tenían pinches con las fotos de los integrantes de cada mesa (fotos, por supuesto, extraídas de nuestra colección personal).

Mientras la gente comía un poco, con Moni recorrimos las mesas sacándonos las típicas fotos con cada grupo (esto era una de las pocas cosas que "se hacen siempre" que sí queríamos...), y luego de un rato más nos fuimos a la parte del baile del salón, donde nos dispusimos al baile inicial de los casamientos. Nos acomodamos con Moni en el centro de la pista, y llamamos a todos los invitados, que se iban acomodando alrededor, sorprendidos porque creían que íbamos a bailar un vals. Sin embargo, arrancamos bailando un rockito de Creedence (Hey tonight), el cual bailamos casi entero hasta que empezamos a alternar con los invitados, y se armó el bailongo general. Debo admitir que yo, como bailarín, soy buen ingeniero, así que no se puede decir que haya hecho siquiera un papel decente en eso de mover las patas, pero lo que valía era la intención (y más de uno me felicitó por el coraje que hay que tener para salir a bailar de esa manera tan horrible enfrente de todos, :p).

Cuando la energía de la gente fue amainando, volvimos todos a sentarnos para seguir con el resto del asado. Luego vino otra tanda de baile (con música que no me gusta bailar, así que sólo miré un rato mientras la gente se divertía). En un momento me agarraron entre varios y me alzaron, y comenzaron a llevarme a algún lado, pero como no sabía qué querían hacerme, me defendí de la mejor manera en esos casos: agarrándome de todos lados como un gato cuando lo acercás a la pileta. Resulta que sólo querían revolearme un poco (¡hubieran avisado!), pero no pudieron.

El próximo momento planeado de la fiesta era arrancar con los juegos: como nosotros no nos gustaba la secuencia típica de comer/bailar alternados, decidimos que luego del postre arrancaríamos con juegos de mesa de todo tipo, nuevamente al aire libre. Así que mientras Moni armaba la mesa especial para niños, Alecu y yo armábamos el resto de las mesas y distribuíamos todos los juegos. ¡Gracias Alecu por coordinar esta fase!

Juegos, juegos, juegos

La verdad que esto de los juegos gustó bastante... aunque el DJ quiso armar distintos bailes, la gente estaba enganchada jugando en distintos grupos, a distintas cosas.

Interrumpimos en un momento esta parte porque se vino la mesa de dulces y el brindis correspondiente. En nuestro caso no quisimos la torta de casamiento típica, sino que nos deleitamos con algo muchísimo mejor: el mundialmente famoso lemon pie de mi hermana, ¡gracias Diana!

Y luego seguimos jugando y charlando entre todos mientras iba cayendo la tarde. Ya para el final de la fiesta salieron unos sanguchitos de carne, y luego todo se fue terminando lentamente, mientras la gente se iba retirando con sus souvenirs (unas tablitas de madera para cortar quesos y fiambres).

Conclusión

Luego de saludar a todos y agradecerles por haber venido, con Moni (completamente extenuados) volvimos a la casa del Primo, donde pasamos esa noche abusando nuevamente de su hospitalidad... ¡gracias Adrián y Analía por todo lo que hicieron para que salga todo tan bien!

Habrán visto infinidad de agradecimientos durante todo el relato, y seguramente me estoy olvidando algunos y no incluyendo aquellas ayudas que fueron de "backup" y que luego no terminamos utilizando. Es que nuestros amigos y familia nos ayudaron muchísimo en todo este proceso, y con Moni se los agradecemos de todo corazón. Ah, ¡y gracias a Javier y Chaghi por las fotos de este post!

Y así termina esta parte de la historia, que continuará luego en otro post con el relato de nuestra luna de miel.

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