Datos irreemplazables

Hace un año cambié de laburo, me pasé de Movistar a Cyclelogic. Antes de irme de Movistar, obviamente, hice backup de tooooodo lo personal que uno va guardando a lo largo de los años (en el caso de Movistar, fueron seis, muy buenos años, vean acá para más detalles).

Toda la info que me llevé estaba separada en tres archivos:

  • Musica.tar.bz2: Toda la música que fui seleccionando, depurando y corrigiendo en esos años.
  • MisDocumentos.tar.bz2: Toda info que fui juntando más o menos personal. Acá dentro, especialmente, estaba el backup de todos los mails de estos años.
  • data.tar.bz2: Datos genéricos, de todo tipo, de todo: wallpapers, textos graciosos, fotos raras, incluso rutinas hechas en Python que quería guardar (¡mi primer programa en Python estaba ahí!), algún programejo en Perl, etc.

Antes de devolver la laptop a Movistar, el anteúltimo día de mi presencia allí, bajé estos tres archivos en casa. No daba para bajarlos a CD, ya que pesaban bastante, alrededor de 2 GB cada uno.

Estos archivos durmieron bastante en mi disco, y un día, que estaba buscando algo que sabía que estaba allí, fui a abrirlos. Oh sorpresa, empezaron a saltar errores físicos en el disco (ya había tenido algunos mensajes de error en el sistema). El problema era que, al tener algunos sectores erróneos, me daba error al descomprimir. Al ser archivos tan grandes, tenía muchos errores en cada archivos, y no pude descomprimir ninguno de los tres.

Me amargué bastante, porque había perdido toda la data juntada a lo largo de los años. Y me puse a trabajar en alguna manera de recuperar los datos. Hay por ahí algunas herramientas para recuperar archivos comprimidos con el bzip2, pero ninguna cumplía con el cometido (¡¡tenía muchos errores físicos!!).

Entonces hice dos intentos de recuperarlo por mi mismo. Primero, hice un programita en Python que leía cada archivo sector a sector y lo escribía en otro lado, y si le daba error, volvía a intentar, y volvía a intentar, y volvía a intentar...

Por otro lado, dije "Promediemos". Entonces copié cada archivo cuatro veces más. Quedaron todos distintos obvio, porque al copiarlo al Linux le da error de disco y copia lo que puede. Pero hice un programa que leía un sector de cada uno de las copias, se fijaba cual era la mayoría, y escribía ese en otro lado.

El problema era que, por el tamaño de cada archivo, cada uno de las pruebas e intentos tardaba. Tardaaaaaaaaaba. Encima, en esa época, yo estaba dos días en lo de mi viejo (que era donde estaba la computadora), y el resto en casa de Moni, así que no tenía mucha interacción con la máquina.

La cuestión es que me olvidé de ese tema. Y me mudé. Y traje la máquina. Y revisando lo que tenía, encontré los archivos, una copia dejada por ahí. Y la descomprimí... ¡y no dió ningún error!

¿Qué fue lo que anduvo de todo lo que probé? No lo sé. Pero funcó. Y recuperé todos los datos, :D

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Rueda que te rueda

Cuando salimos de vacaciones, hace un par de semanas, con Moni empezamos a sentir una ligera vibración en el auto.

"¡Qué tarado! Debería haber balanceado antes de salir a la ruta", pensé, pero como ya estábamos viajando, seguimos. Al principio, la vibración se notaba cuando superábamos los 140km/h, pero luego se fue haciendo mayor de manera gradual, molestando a velocidades inferiores: se notaba ya a los 120km/h, y llegando a los 140 ya era molesto.

Como en otras instancias de la vida, cuando algo aumenta de forma gradual, uno no se da cuenta (cuando uno mira al hijo de un amigo que no lo ve hace un año, se da cuenta de cuanto creció, no así el padre; o de repente caés en la cuenta de que todo eso que te pesa cada vez más y más es tu panza). El aumento en la amplitud de la vibración era uno de esos casos.

Llegamos a la costa sin inconvenientes, y me dije que debería ir a balancear el auto en la semana. En la semana me dije que no debería volver sin balancear, y que lo haría el sábado. El sábado pasamos por Pinamar, pero todas las gomerías tenían demasiada espera, así que salimos a la ruta con la misma vibración. Ejemplo clásico de negación e irresponsabilidad, :(.

Encima, no era la misma vibración, era mayor. Pero veníamos más lento, y todo bien. Paramos a comprar unas aceitunas, ya cerca de llegar a casa (a menos de 40km de agarrar la autopista BsAs-LaPlata), y al ratito empezamos a sentir un ruido raro, pero justo una avioneta volaba arriba nuestro, a baja altura, y creímos que el ruido venía de ahí. La avioneta se fue, y el ruido seguía: habia muerto un neumático (notable que el auto iba derechito, impecable), así que me tiré a la banquina y lo cambié.

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Notablemente, cuando volví a la ruta no sentía ninguna vibración: la culpa no era de la falta de balanceo, sino que era provocada por ese neumático que reemplacé. Raro, ¿no? ¿Se rompió el neumático porque tenía un problema y la vibración venía de ahí? ¿Se rompió el neumático porque sí? ¿O por la vibración que luego se arregló sola? (imaginar aquí la musiquita de La Dimensión Desconocida).

Cuando llegué a destino, mi prioridad fue comprar un neumático nuevo, ya que al otro día era el cumpleaños de mi tía Vivi y nos íbamos hasta Luján. Por suerte encontré una gomería que me cambie el neumático (lo compré en Carrefour, porque la gomería sólo tenía Firestone) y balancee.

El gomero me explicó que cuando el neumático es muy viejo (el mío tenía más de cuatro años y 75 mil kilómetros, era uno de los originales del auto), a veces se le forma un huevo (se relajan en un punto las capas de acero), y eso provoca vibraciones cada vez mayores hasta que el neumático se rompe:

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Ok, son cosas que pasan. El otro neumático tan viejo que tenía pasó a ser el auxilio, dejé el auxilio original como par del neumático nuevo que había comprado, y listo.

Salgo de la gomería, con ganas de hacer los últimos pocos kilómetros hasta casita y terminar de llegar de las vacaciones, y con Mónica empezamos a escuchar un ruido (como un rozar) en la rueda recién armada. Como ya había llegado a la Gral. Paz, retomo y trato de volver a la gomería, que estaba casi cerrando. Una diagonal nos obligó a agrandar la vuelta, y no llegué: la gomería estaba cerrada.

Volvimos a casa con el ruido poniéndonos nerviosos. Ni bien al llegar, desarmé la rueda y traté de ver qué era. En eso sale el vecino de al lado, que es mecánico, y me deja tranquilo con una determinada explicación: ok, no habría problema en ir al otro día a Luján. Armo la rueda.

Al otro día, al salir, el ruido se escucha aún más fuerte. No hicimos cuatro cuadras que decidimos volver, no daba para ir hasta Luján con ese ruido. Hablé por fono con mi hermana para que nos pasara a buscar, volvimos a casa, y me apropicué a desarmar la rueda. El mecánico de al lado nuevamente me dió una mano, desarmamos la rueda y vimos que lo que estaba rozando era uno de los bulones que ajustan la llanta contra la maza (no era un bulón original, sino uno de los antirrobo que son más largos que los originales).

Sacamos el tornillo, y anduve una semana con tres tornillos en esa rueda trasera, sin problemas, hasta que el domingo pasado, en lo de mi viejo, saqué los cuatro bulones antirrobo de las cuatro ruedas, los recorté para que tengan el mismo largo que los originales, y los volví a poner.

Con respecto a la rueda que había jodido al principio, la volví a desarmar para cambiarle la grasa, ya que tenía miedo de que haya quedado alguna limadura de hierro y que se meta en los rulemanes. La desarmé toda, le saqué la grasa vieja, limpié todo con nafta, y luego con solvente. Como tenía que esperar a que se seque bien antes de poner la grasa nueva, decidí aprovechar el tiempo y revisar las luces, así que le dije a mi hermana que se suba y que aprete el freno.

Inmenso error.

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Regla número uno: cuando tengas una rueda desarmada, no apretes el freno. Regla número dos: cuando tengas una rueda desarmada, no apretes el freno. Regla número tres: cuando hayas apretado el freno, con la rueda desarmada, y haya saltado una piecita al carajo, no vuelvas a apretar el freno para ajustar nada.

Cuando apretamos el freno por segunda vez (sí, soy un tarado), para ajustar una de las piezas, directamente se salió uno de los cilindritos del freno, y empezó a perder líquido hidráulico. Ahí sí me puse nervioso, porque ya eran como las siete de la tarde, y estaba en el horno, :(.

Pero pudimos volver a poner todo como correspondía (gracias a la ayuda de Gustavo, que laburó par a par conmigo, y mi viejo que siempre es la última palabra y referente en lo que a mecánica se refiere), aunque incluso tuvimos que desarmar la otra rueda, porque no sabíamos en dónde iba la pieza que había saltado.

Conclusión: no dejen de pagar el Automóvil Club Argentino porque nunca saben cuando lo pueden necesitar, :p.

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Espasmos

Espasmos de dolor me alejan de la realidad Arrojado contra la muralla de lo discernible, veo Veo, pero no veo, porque mis ojos ven Pero mi cerebro se niega a interpretar lo que existe

Sé que tengo que dejar de morirme, pero no puedo Puedo, pero no quiero Podría dejar de tomar eso, de inyectarme eso Pero mi cerebro sólo repite "Todo estará bien"

"Todo va a estar bien". Mentira, mis ojos lo ven Estoy destrozado contra las piedras Lo veo, y lo siento, pero mi cerebro me miente "Todo va a estar bien", me repito

Y me vuelvo a inyectar

Ayer vi Requiem for a dream (+0), una película sobre los efectos nocivos de la droga (algún parecido a Trainspotting en el tema, pero con violencia menos gratuita).

La violencia tiene que tener un propósito en la película. Fight club, por ejemplo, o Sin city, son películas muy violentas, pero va al guión de la peli, como Requiem for a dream.

La violencia puede ser explícita o implícita. Podés mostrar un cuchillo entrando por un ojo, podés mostrar una violación, podés mostrar un hijo insultando a un padre sobre cómo desperdició su vida, etc.

En el sentido de la violencia usada con sentido o no, Apocalypto (+0, ver el post de Chaghi para más detalles), es todo lo contrario a Requiem for a dream.

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A las Gaviotas

La semana pasada nos fuimos con Moni de vacaciones a Las Gaviotas.

Las Gaviotas es una playa que está entre Mar de las Pampas y Mar Azul. Poco conocida hasta ahora, con lo que no habían ochocientas mil personas por metro cuadrado en la playa, sino que se estaba bien. Y podías caminar un rato a un costado, y estar prácticamente solo.

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Obvio, justo en las bajadas a la playa o donde hay paradores se junta gente, pero se estaba muy tranquilo.

Invitados por una Lá y Alfredo, que habían alquilado por una quincena, paramos en un pequeño complejo sobre la playa, muy lindo, con una estética semi oriental, llamado Heiwa.

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La casita tenía dos pisos, abajo un living comedor, un toilette, y un pequeño pero lindo patio, con parrilla y todo (que supo ser muy bien aprovechada). Arriba habían dos dormitorios y un baño más grande.

Nuestro dormitorio no tenía vista directa al mar, pero sí lindo paisaje, como podemos ver en la siguiente foto (y permitía que entrara luz desde muy temprano, cosa que me encanta).

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Con Mónica nos levantábamos siempre temprano, y salíamos a caminar (a veces sólos, a veces con Lá y Alfred). Después volvíamos, nos bañabamos, y desayunábamos. Esa es una rutina que me encanta.

Incluso salimos una vez para ver el amanecer. Bueno, la verdad es que salimos dos veces, pero la primera estaba nublado, lloviznaba, y nos cagamos de frío. Pero la segunda vez que buscamos la salida del sol estuvo muy bien, y sacamos lindas fotos.

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Obvio, levantarse tan temprano implicaba luego dormir siesta, para luego disfrutar la noche. Salimos bastante a pasear, vimos muchas películas (tengo que hacer otro post al respecto), jugamos mucho a las cartas y al tejo, y fuimos a comer afuera en dos oportunidades (el resto, menos una vez que pedimos pizza, cocinamos nosotros, :).

De las dos veces que salimos a cenar afuera, una vez comimos sushi en el mismo complejo en el que paramos (muy bien), y en la otra oportunidad fuimos hasta Cariló a un bar de tapas, pero terminamos comiendo distinto: Lá pidió pastas con frutos del mar, Moni un cordero con papas españolas (en sartén, traído a la mesa), y Alfred y yo pedimos cochinillo con batata asada (era el plato del día, espectacular).

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El viernes a la noche era Luna llena, y nos quedamos en la playa esperando la salida de la misma. No fuimos los únicos, pero igual estuvo muy muy bien.

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La verdad que la pasámos bárbaro. ¡Gracias chicos!

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